Raven Jackson ha presentado una película en la que las imágenes pretenden decir más que mil palabras. Lo consigue a medias: la belleza de las imágenes y de su apartado audiovisual no sustenta la historia de maternidades y familias alternativas.
La película de Raven Jackson es seguramente la apuesta más radical que se ha presentado en este Zinemaldia. Sin una línea temporal definida, la película no cuenta un relato en el sentido habitual. Sin pretensiones cursis, la historia de madres e hijas que plantea Jackson es más una experiencia sensorial. Ya es así desde la primera escena : manos que tocan la arcilla y a los peces recién pescados. Lo primero que vemos es lo que los personajes tocan. Los planos de manos abundan y los de los abrazos son largos.
La importancia de los cuerpos, del espacio que ocupan, de las distancias que los separan como hilo conductor que finalmente se muestra insuficiente para arbolar un aparato fílmico que vaya más allá de colección de imágenes evocadoras. Jackson apuesta por la fisicidad, olvidando en algunos momentos que la belleza de la fotografía se diluye cuando no esta no avanza en el desarrollo de ese «no relato». Una apuesta muy arriesgada que no acaba de funcionar.
En este episodio del Txapas a Patxas os dejamos nuestras impresiones.
Nota: en el podcast, cambiamos la situación geográfica de los protagonistas. Lo sentimos, Misisipi… Pero somos muy de Luisiana.


