El festival despliega una selección oficial donde conviven los nombres que han definido su historia con una oleada poderosa de óperas primas. Y, por primera vez en mucho tiempo, el cine español no solo está invitado a la fiesta: es protagonista.
La Croisette se pone a punto para una nueva edición del Festival de Cannes, y con ella llega esa liturgia anual de rumores, quinielas y cinefilia en estado de combustión. Pero este 2025, la selección oficial no se limita al gesto diplomático ni al algoritmo del prestigio. Hay algo más vibrante en el aire. Viejos tótems del festival regresan con lo que promete ser obra mayor. Voces nuevas se cuelan por las grietas del sistema con óperas primas que ya suenan a acontecimiento. Y en medio de todo eso, una constatación: el cine español ha dejado de ser el invitado exótico. Ahora pisa la alfombra como un igual.
El cine español toma posiciones
Carla Simón compite con Romería y confirma lo que Alcarràs ya había dejado claro: su cine no es una excepción sensible, es un proyecto de mundo. La elección del título habla de tradición, de comunidad, pero también de movimiento. Si Cannes siempre ha buscado autoras con voz propia, aquí tiene una que escribe con el pulso del paisaje.
También en competición encontramos Sirat, el nuevo trabajo de Oliver Laxe, que regresa a la Croisette tras sus pasos por la Semana de la Crítica con Mimosas y Lo que arde en Un Certain Regard, donde obtuvo el Premio del Jurado. Su cine, espiritual y de vocación mística, encuentra ahora su lugar en la sección principal del certamen.
En Un Certain Regard, La misteriosa mirada del flamenco de Diego Céspedes asoma como una de esas pequeñas joyas capaces de incendiar una sección entera. Céspedes, que debuta en largo, viene armado con un imaginario lírico y una precisión que incomoda por lo certero. No es casual que esté aquí.
Los sospechosos habituales (y bienvenidos)
Wes Anderson, los hermanos Dardenne, Jafar Panahi, Kelly Reichardt, Joachim Trier. Cannes siempre vuelve sobre sus pasos, pero esta vez lo hace con intención. The Phoenician Scheme de Anderson podría ser el momento en que su estética de maqueta se detone desde dentro. Los Dardenne presentan Jeunes mères, y con solo el título ya parece latir una urgencia social. Veremos si se traduce en pulso cinematográfico.
Jafar Panahi, siempre en el filo de la censura iraní, trae Un simple accident. Como todo en su cine, el accidente es una excusa: lo que importa es la grieta por donde se cuela lo real. Y en otra esquina del mapa, Julia Ducournau vuelve con Alpha, en lo que parece un nuevo salto al vacío tras Titane. ¿Qué queda por explorar en el cuerpo? Ducournau, seguro, tiene una respuesta.
Primeras veces con sed de romperlo todo
Un Certain Regard es este año un volcán de debuts que, sobre el papel resultan atractivos. Harris Dickinson dirige Urchin, Scarlett Johansson salta detrás de la cámara con Eleanor the Great, y nombres aún desconocidos —Charlie Polinger, Morad Mostafa, Harry Lighton— llegan con títulos que ya suenan a culto anticipado. Hay algo eléctrico en estas propuestas. No vienen a homenajear el cine: vienen a tomarlo por asalto.The Plague, Pillion, Aisha Can’t Fly Away… Todas comparten algo más allá de la novedad: una voluntad de romper la forma desde dentro. El cine como lenguaje aún por inventar.
Espectáculo, política y rarezas
Fuera de competición, la apuesta por Mission: Impossible – The Final Reckoning parece el típico gesto de apertura industrial. Pero Cannes nunca es tan simple. La inclusión de Stories of Surrender, centrado en Bono, o Vie Privée de Zlotowski apuntan a esa otra vena: la del cine como confesión, como espacio íntimo incluso en la superproducción. Y en Cannes Première, nombres como Sebastián Lelio (La ola) o Fatih Akin (Amrum) reafirman el valor de un cine de autor que no necesita estar en competición para pesar en la conversación.
Conclusión: Cannes como campo de batalla
La selección de 2025 no es rupturista, pero sí estratégica. Sabe que necesita seguir mirando a sus leyendas, pero también entiende que sin las nuevas voces el edificio se derrumba. En esa tensión —entre la reverencia y el riesgo— es donde Cannes sigue siendo relevante.
Y este año, con el cine español ocupando el centro del escenario, no solo se celebra una presencia: se afirma una posición. Ya no se trata de si nuestras películas están o no en la competición. Se trata de cómo la definen.
De todo ello os hablamos en este episodio de nuestro podcast. Lo tenéis en Spotify, Apple Podcast y en iVoox.


