«The Alabama Solution»: la esclavitud nunca fue abolida

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The Alabama Solution muestra, con una calma casi cruel, cómo el sistema penitenciario de Alabama castiga dos veces. Primero con el encierro. Después convirtiendo a los presos en una fuerza de trabajo dócil y explotable.

(Notas breves al acabar de ver la película)


The Alabama Solution no busca epatar. Y eso, en un documental sobre el sistema penitenciario estadounidense, ya es una declaración de intenciones. Desde sus primeros minutos queda claro que no estamos ante una sucesión de horrores diseñados para sacudir conciencias a golpe de impacto, sino ante una radiografía paciente y profundamente incómoda de cómo se vive —y se sobrevive— en las cárceles de Alabama.

La película, dirigida por Andrew JareckCharlotte Kaufman se centra en las condiciones de los presos, en el abandono estructural, en la violencia que no siempre deja marcas visibles. Pero su golpe más duro llega cuando desplaza el foco y muestra el reverso menos visible del castigo: la conversión del preso en mano de obra. Aquí no hay grandes discursos sobre reinserción ni promesas de redención. Hay trabajo. Trabajo mal pagado, cuando no directamente gratuito. Trabajo impuesto como única vía para hacer la condena mínimamente soportable. El film deja claro que no se trata de un efecto secundario del sistema, sino de una de sus funciones principales. La cárcel como engranaje económico. El preso como recurso.

Lo inquietante es precisamente esa normalidad. Todo funciona. Todo está reglado. Y ahí es donde la película se vuelve verdaderamente política, sin necesidad de proclamas. Porque lo que muestra no es una anomalía, sino un modelo que se sostiene gracias a la ausencia de derechos y a la imposibilidad de elegir.

El montaje es uno de sus grandes aciertos. Ágil, sí, pero nunca nervioso. La película avanza con decisión, enlazando testimonios y datos, pero sabe cuándo frenar y dejar que una idea se asiente. No tiene prisa por cerrar argumentos ni por dictar conclusiones. Confía en la inteligencia del espectador. Y se agradece.

The Alabama Solution termina dejando una sensación amarga, casi sucia. No porque busque el shock, sino porque señala algo mucho más difícil de digerir: que el castigo puede ser rentable. Y que, cuando lo es, deja de haber incentivos reales para cambiar nada. En realidad, la esclavitud nunca fue abolida.

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