Descifrando a Desplat

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Cuando en la última gala de los Oscar Julie Andrews presentó las cinco banda sonoras que optaban al galardón, abrió con El Gran Hotel Budapest y cerró con Descifrando Enigma, ambas compuestas por Alexandre Desplat. “¡Por fin!” pensamos muchos cuando Andrews leía el nombre del francés (por El Gran Hotel Budapest), y es que la sensibilidad y la contundencia de las creaciones de este parisino han conquistado a muchos cinéfilos. Con la doble nominación de este año (octava de su carrera) culminaba una década magnífica en Hollywood, donde se ha afianzado como uno de los compositores más prolíficos y relevantes del cine actual. Todo ello sin descuidar sus trabajos con cineastas europeos, de manera que, hasta hoy, es el responsable de 158 bandas sonoras. Su impacto en el panorama cinematográfico actual quedó confirmado cuando el Festival de Venecia le designó como Presidente del Jurado de su 71ª edición (2014).

A los cinco años, Desplat comenzó a tocar el piano, además de la flauta y la trompeta. Con una sólida educación clásica, basada en compositores franceses, como Debussy o Ravel, pero también con influencias de músicos étnicos como Carlinhos Brown y Ray Lema, la de Desplat hubiera podido ser una brillante carrera como concertista. Sin embargo, su tremenda pasión por el cine hizo que ya desde muy joven se fijara como objetivo el componer bandas sonoras. Así que, de la combinación de una notable formación musical y del amor por el séptimo arte, nació una de las carreras más brillantes del cine contemporáneo.

Desde que en 1985 compuso su primera partitura, para la película “Le souffleur“, muchos de sus trabajos pueden considerarse imprescindibles. A continuación, os dejamos una selección de esas melodías con las que podríamos resumir su carrera. En ningún caso pretende ser un análisis musical, y posiblemente la selección es discutible, pero se trata de recordar (y celebrar).

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El velo pintado (John Curran, 2006)

En el año 2006 presentó dos de sus mejores obras: The Queen y El velo pintado. Y si la primera tenía la sobriedad que el personaje y los acontecimientos requerían, El velo pintado es una pieza menos encorsetada y, por lo tanto, más personal. Es el ejemplo perfecto para definir a Desplat como compositor: elegante, con influencias étnicas, cálida.

 

El curioso caso de Benjamin Button (David Fincher, 2008)

Que David Fincher decidiera dirigir esta adaptación de F. Scott Fitzgerald causó cierto desconcierto (sobre todo, teniendo en cuenta que su anterior película había sido Zodiac). Pero si Fincher iba a rodar una historia romántica, debía ser una en la que el desencuentro entre sus protagonistas fuera tan fundamental e irremediable como lo es para Benjamin y Daisy. La hermosa fotografía de Claudio Miranda se complementa a la perfección con la partitura de Desplat, que crea ese halo romántico que se requiere, y que viene acompañado de una intensa melancolía, resultando en algunos momentos sencillamente conmovedora.

 

Syriana (Stephen Gaghan, 2005)

Puede que estemos ante uno de los trabajos menos reconocidos de Desplat. Sin embargo, sus melodías pausadas, de influencias árabes, se alternan con temas  donde el nervio de la composición funcionan como extensión de la tensión a la que están sometidos los personajes. Una obra a reivindicar.

 

Descifrando Enigma (Morten Tyldum, 2014)

En su segunda nominación de este año, Desplat consigue definir el carácter nervioso y tenso de Alan Turing mediante una serie de piezas para piano, que alterna con otras con una orquestación que, en algunos momentos recuerdan a Philip Glass. Pero, a diferencia de éste, juega más con el contraste del intimismo de unas piezas y la intensidad de otras.

 

Argo (Ben Affleck, 2012)

Las influencias étnicas están muy presentes en esta banda sonora, que a pesar de no ser una de sus obras más redondas, nos deja algunos temas que reflejan lo épico y lo dramático de los hechos que se relatan.

 

El escritor (Roman Polanski, 2010)

De la mano de Polanski, Desplat lograba una de sus bandas sonoras más sobrias que subrayaban las diferentes personalidades de los personajes. Algo tan difícil y al mismo tiempo tan característico de la obra de Desplat.

 

El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011)

¡Ay, Malick! Que maltrató una de los mejores trabajos de Desplat, con un lirismo impresionante, para apostar por temas clásicos. La banda sonora es una continua disociación entre la grandeza del universo y lo pequeño que resulta el hombre, que actúa como amo y señor de un reino que no le pertenece. Un trabajo muy completo que merecía más presencia en el montaje que Malick dio por definitivo.

 

Deseo, peligro (Ang Lee, 2007)

Sombría partitura, muy acorde con el tono de la película, que deja entrever todo el drama y la complejidad de la relación de los protagonistas de la película. Se equilibra la sensualidad (el deseo) y la tensión (el peligro), logrando una ambientación perfecta para las imágenes que acompaña.

 

Julie y Julia (Nora Ephron, 2009)

No es una de sus mejores partituras, y puede resultar un tanto plana si se analiza en conjunto, sin embargo tiene unos temas de con influencias parisinas que resultan alegres y ligeros.

 

La joven de la perla (Peter Webber, 2003)

Estamos ante una partitura romántica y evocadora, pero sin grandilocuencias y con un toque de delicada melancolía, cuya elegancia fue la mejor carta de presentación para Desplat, ya que significó el inicio de su carrera hollywoodiense.

 

De latir mi corazón se ha parado (Jacques Audiard, 2005)

En esta banda sonora se alternan obras ya existentes, con creaciones originales. Con el piano como eje de la historia, su protagonismo en el trabajo de Desplat es absoluto. Con este trabajo, consiguió el Cesar y el Oso de Plata del Festival de Berlín a la Mejor Música.

 

El Gran Hotel Budapest (Wes Anderson, 2014)

“Wes, eres un genio” le dijo a Anderson, con el Oscar ya en su mano. De las dos candidaturas, ésta resulta menos clásica y con un tono aparentemente más ligero, muy acorde con la película. Influido por el folk centroeuropeo, Desplat compone una obra muy personal y algo caótica, pero diferente. El Oscar hubiera sido merecido en cualquier caso, pero que lo ganara por El Gran Hotel Budapest ha significado el premio a una banda sonora más alejada del clasicismo en el que Desplat tan bien se maneja. Sea como sea, es una obra de madurez y al mismo tiempo resulta atrevida.

 

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