2020: el año parásito en el que nos dejó Morricone

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Confesémoslo: teníamos muchísimas ganas de que acabara el año. Y notamos un poco el miedo por lo que pueda traer el 2021.

El 2021 se estrena como sucesor de unos meses que han sido engullidos por una realidad aciaga: pandemia, crisis sanitaria, económica y todos sus derivados. Un periodo también oscuro para la industria del cine, en el que muchos han tenido que echar el cierre, o modificar su negocio para adaptarlo a la dura situación. Y que algunos han aprovechado para intentar aumentar su posición privilegiada y/o cambiar las reglas. No todo ha sido malo, por supuesto. Pero, como ya sabemos, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Y ver más allá de los próximos seis meses. Pero todo eso se ha comentado ya. Y se seguirá comentando.

Si queréis un análisis completísimo sobre ello, lo podéis encontrar en EL CONTRAPLANO.

Año de directoras

El año cinéfilo parecía destinado a ser el “Año de Parásitos”. Y lo fue. Pero también fue el año de los Festivales on line, del Zinemaldia de la señalética, del no Cannes y su label, del “traiga su PCR hecha si quiere asistir al Festival de Venecia”. Estuvimos casi cuatro meses sin poder ir a los cines y volvimos con ansia. Para algunos, posiblemente fuera el año en el que más películas hemos visto. Y también en el que más películas nos hemos montado, por supuesto. Y mientras nos reuníamos vía Skype, nos dábamos los buenos días por whataspp y asistíamos a cursos de cine chino vía Zoom, hubo quién se cargó las ventanas y quien quiso ponerle puertas al campo.

2020 fue el año en el que dos directoras se llevaron el León de Oro y la Concha de Oro. En Venecia, Chloé Zhao se llevaba el máximo galardón con su Nomadland. Y en San Sebastián hacía lo propio Dea Kulumbegashvili con la brillante y desconcertante Beginning. La película que protagonizó el certamen, y no solo en lo cinematográfico, arrasó en el palmares. Y de paso, reabrió el debate de la presencia femenina en el panorama cinematográfico. Si dicha presencia va reivindicando su espacio o si, como se dice del cine rumano actual, se trata de un fenómeno de Festivales. Películas como My Mexican Bretzel (Nuria Giménez Lorang, 2019) o Nieva en Benidorm (Isabel Coixet, 2020), demuestran que esto no es así.

Y, finalmente, en un año en el que cada días nos despertábamos con el temor de recibir alguna mala noticia, en el que ni siquiera podíamos recurrir a lo lúdico como bálsamo que aliviara los golpes que íbamos recibiendo, tuvimos que despedirnos definitivamente de Ennio Morricone.

Con su música cerramos el año con una sobriedad y elegancia que no merece.

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