El 2018 fue… Un año de Bandas Sonoras sugerentes

La música en el cine. La música del cine. Bandas sonoras que son tan protagonistas como el actor o la actriz principal. Otras, que parecen no estar pero que llenan las escenas. Desplat no podía faltar, por supuesto.

  • The Sisters Brothers (Alexandre Desplat)

Este año Alexandre Desplat lograba su segundo Oscar, por La Forma del Agua. Su trabajo para Guillermo del Toro abundaba en el estilo desarrollado por el compositor: romántico, melódico… envolvía muchas escenas de una melancolía tan presente y compacta como la paleta de colores utilizada por el director mexicano.

Para la película de Audiard, el compositor aceptó el reto de llevar su forma de componer al Oeste americano. Alejándose del “modo Morricone”, el francés logra un cambio arriesgado, como la película, pero que resulta en una banda sonora interesantísima.

  • Isle of Dogs (Alexandre Desplat)

Los trabajos de Desplat para las películas Wes Anderson nos muestran una vertiente más desenfadada de su trabajo. Melodías juguetonas que exploran la tradición húngara (El Gran Hotel Budapest) o la japonesa (Isle of Dogs). Desplat cierra este año con un nuevo puñado de títulos para añadir a su ya dilatada carrera, pasando dos de ellos a la lista de sus mejores obras.

  • Burning (Mowg)

Mowg es uno de los compositores más prolíficos de las cinematografía coreana. Su trabajo para la obra maestra de Lee Chang-Dong transmite la tensión del relato incluso, o sobre todo, cuando la película va subiendo, poco a poco, el nivel de tensión. Envolvente, misteriosa… Simbiosis perfecta con el relato y con las imágenes.

  • First Man (Justin Hurwitz)

Caso contrario al de la banda sonora de Burning. Muy presente en todo momento en First Man, la música de Justin Hurwitz no pretende la unión con la imagen, busca contar su propio relato, como si de una voz narrativa más se tratara. Lo logra y triunfa, incluso cuando la música parece excesivamente presente. Exceso quizás necesario para completar el relato protagonizado por un personaje tan hermético como Amstrong.

  • Phantom thread (Jonny Greenwood)

Una verdadera joya. Si los trabajos de Desplat con Anderson alcanzan niveles sobresalientes, la pareja Greenwood-Anderson no se queda atrás. Tan grandiosa como el ego de Woodcock, tan delicadamente fuerte como Alma… Es una de las bandas sonoras más destacables del año por su capacidad de complementar la fuerza visual de Paul Thomas Anderson.

  • You were never really here (Jonny Greenwood)

Si Desplat presenta dos trabajos tan interesantes como distintos, Jonny Greenwood no iba a ser menos. Con dos trabajos que no pueden estar más alejados entre sí, la talla como compositor de bandas sonoras de Greenwood está adquiriendo las proporciones dignas de un maestro. Mucho más brusca y obsesiva que la anterior, el trabajo realizado para la película de Lynne Ramsay es el retrato musical del personaje interpretado por Joaquim Phoenix.

  • Shoplifters (Haroumi Hosono)

Intimista, como la mirada de Kore-eda. En algunos momentos, simulando cierta distorsión, como la vida familiar de los personajes. La banda sonora de Haroumi Hosono para la Palma de Oro de este año (nunca está de más recordarlo), es una obra menos intensa que la gran mayoría de las seleccionadas, menos presente en la película, pero con un encanto innegable.

  • A Star is Born

A Star is born tiene momentos musicalmente memorables, pero quizás ninguno con tanta presencia y emoción cómo este Shallow. Una de las películas más comentadas del año y, para qué negarlo, un prometedor debut de Bradley Cooper tras las cámaras, con una selección de temas adecuada, que esconde esta joya.

  • Widows (Hans Zimmer)

Una de las sorpresas del año. Tanto la película como su banda sonora. Tan Zimmer como siempre, pero con más sensibilidad de la habitual, la banda sonora de Widows es equilibrada y se funde mejor que otras obras del compositor con las imágenes que nos propone McQueen.

  • Suspiria (Thom Yorke)

Una de las películas del año requería una banda sonora a la altura. Guadagnino ha confiado en Yorke para transmitir esa sensación tensa e insalubre que permea las paredes de la Academia Markos. Y lo cierto es que, entre las imágenes que propone uno y la música con las que las envuelve el otro, la película logra que el espectador se sienta incómodo y atraído a partes iguales.

Menciones: las bandas sonoras de Ash is Purest White y la de Manta Ray.

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