[69 SSIFF] Segunda jornada. Bollaín y Barrionuevo: propuestas comprometidas con resultados diferentes

Tras el pase de “Earwig” seguimos con propuestas de realizadoras. Y donde una acierta, la otra no logra rematar. El compromiso con unas ideas no siempre conduce a un guión acertado.  

“Maixabel”: Bollaín no convence por no decidir qué contar

Es muy difícil plantear una película como “Maixabel”. Cuando se cumplen diez años del abandono de la lucha armada por parte de ETA, cuando hay tantas víctimas y sigue siendo, desgraciadamente, un tema de actualidad. Centrada en la figura de Maixabel Lasa, viuda del exgobernador civil de Guipúzcoa Juan María Jaúregui, asesinado en el año 2000. Pero la memoria es engañosa y conviene poner en contexto a los personajes y a su entorno. Ahí detectamos el primer problema de la película: querer dar tanta información para situar al espectador que tarda en entrar en lo que, en principio, es el eje de la película: los cara a cara de Maixabel Lasa con dos de los tres asesinos de su marido. 

La película tarda en llegar a esos momentos porque quiere dar demasiados antecedentes y no hay ninguna capacidad de síntesis. Por no dejar nada fuera, el prólogo acaba alargándose hasta cubrir media película. Y cuando llega el momento del trabajo de la mediadora con los presos, la tensión del relato se ha diluido. Al aparecer esta tensión, con la culminación de los encuentros, la película no evita la manipulación. Algo que, aunque había aparecido en algún momento de manera más o menos clara, en su parte final llega a ser irritante. La insistencia de la banda sonora de Alberto Iglesias, subrayando el drama que no requería ningún aditivo; la escena en la que Luís Tosar recorre varios escenarios en los que tuvieron lugar atentados (con sonido de tiros, llantos y bombas como banda sonora); el desdibujado personaje de la hija de Jauregui, cuyo entorno pretende ser una radiografía social y acaba resultando algo caricaturesco.La película, tratando de no tomar partido queda en una colección de momentos pretendidamente equidistantes. 

El problema es que en un relato de víctimas y victimarios, tan manoseado políticamente, la equidistancia puede resultar cobarde. En un intento de no enfrentarse a nadie, tampoco se satisface a nadie. Y en eso se ve arrastrado el reparto, en el que Urko Olazabal emerge como el que logra un personaje emocionalmente elaborado y resulta más creíble. Blanca Portillo hace un retrato sobrio de Maixabel pero, posiblemente lastrada por el guion, hay momentos en los que aparece acartonada y más teatral de lo que el personaje parece requerir. En cuanto a Tosar, su encuentro con Portillo lo resuelve con solvencia pero con cierto desapego. Algo que se repite durante la película a excepción de las escenas que comparte con Olazabal. 

Dudas que me deja la película: 

  • Pensábamos que el subrayado excesivo de las historias de las últimas películas de Bollaín eran achacables a Paul Laverty. ¿Nos estábamos equivocando?
  • Si Luis Tósar no sabe la letra “Xalvadorren heriotza”, ¿por qué no se abre el plano a general en lugar de enfocarle mientras balbucea las letras? 

Y algunas más de cariz político que no viene al caso. 

“Camila saldrá esta noche”: la marea verde en la escuela

En el lado opuesto de la película de Iciar Bollaín la encontramos en la propuesta de Inés María Barrionuevo. Su “Camila saldrá esta noche” es una película situada en la actualidad más reciente en lo que al relato femenino y feminista se refiere: la marea verde y el No es no están integrados en la película, pero de una manera coherente. La Camila del título, una joven de 17 años obligada a mudarse a Buenos Aires y que se enfrenta a una realidad mucho más restrictiva que la que vivía en La Plata, de donde proviene. Un colegio que defiende la neutralidad política, pero que permite los abusos entre los alumnos. Donde el ideario imperante es el del poder, el de cubrir a quien obrado mal “porque queda poco para que os gradueis”. Ese silencio encubridor tan implantado y de cada vez más denunciado. 

Camila no encubre, denuncia. Y se expresa y también experimenta. La película se centra en ella, interpretada de forma emotiva y valiente por Nina Dziembrowski. Camila acierta o se equivoca, pero asume siempre la responsabilidad de sus actos. Entre los valores cinematográficos de la película, además de la interpretación de Dziembrowski, contamos con la realización briosa y detallista de Barrionuevo y la fotografía de Constanza Sandoval. Sus méritos en lo audiovisual están claros: ser directa sin pecar de austera. Pero junto a esa Camila cinematográfica, evaluamos también la pertinencia de su mensaje y el acierto de incluir entre su público objetivo a los jóvenes. La película se aleja de la moralina y es tan sincera como su protagonista. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .