[70SSIFF] Jeong-sun: de humildes y miserables

Hemos comenzado una nueva edición del Festival con una propuesta de New Directors. Con la ópera prima del realizador surcoreano Jeong Ji-hye se levanta el telón de la sección y nuestra particular selección de películas.

La película que inaugura la sección dedicada a los nuevos realizadores toma el nombre de su protagonista, Jeong-sun. Una mujer humilde y de buen corazón que trabaja en una fábrica de alimentos. Pendiente de su hija, cuya boda parece inminente, Jeong-sun parece vivir en la placidez de la rutina, se preocupa por su hija y lidia como mejor sabe con su joven jefe. Un pequeño dictador a quien el puesto le viene grande y lo disimula como los malos gobernantes suelen hacer: rodeándose de pelotas que le ríen las gracias y tratando imponerse a los empleados con más experiencia con impertinencias y poca paciencia.

En ese entorno, aparece un nuevo elemento: Young-soo, un antiguo trabajador de la construcción al que una lesión en la rodilla obliga a buscar otro tipo de empleo. Es el componente de la historia que pondrá patas arriba la vida de la protagonista. La película establece todos elementos introductorios con algo de redundancia y cierta falta de ritmo, que le impide seguir una línea argumental de inicio. Sin tener muy claro si lo que nos quiere contar es un romance otoñal; las dificultades de la mujer madura en la sociedad surcoreana actual; las dificultades de las clases humildes para lograr mejoras/alivio en su situación; o un drama provocado por la subida a redes de vídeos de carácter privado. Jeong Jihye, parece querer tratarlos todos. Si bien no son excluyentes, un guion que se hubiera decantado por uno desde el primer momento y hubiera complementado con el resto, hubiera podido resultar en una película más robusta.

En el momento en el que se centra en Young-soo y en su comportamiento la película establece otro punto que, lejos de anquilosar el relato, le aporta un brío inesperado: la diferencia entre una persona humilde (posiblemente resignada) y el miserable al que el resentimiento le llevará a tomar decisiones equivocadas, y que provocará todo el nudo de la historia. En esa parte central, la película adquiere ritmo, sin descuidar personajes, pero evita las reiteraciones de su introducción. Es en en esa parte en la que incluso las licencias con la cámara del realizador complementan bien el relato. Y es en esa parte también en la que Geum-Soon Kim alcanza su mejor nivel en la cinta.

En la parte final, con una Jeong-sun herida pero que recupera su dignidad, el trabajo de la actriz destaca por encima de otros elementos. Con un desenlace algo brusco, incluso inesperado, la película cierra de una forma que resulta consecuente y algo amarga. Es el destino de los humildes en un mundo dominado por miserables, parece querer decirnos. Sea como sea, Jeong Jihye tiene algo que siempre es de agradecer en una cinta: conoce bien cuales son los ingredientes con los que cuenta y lo que le permiten contar.

En conjunto, esta Jeong-sun es una digna forma de iniciar un festival. Cine indie surcoreano con una protagonista potente. Empezamos bien.

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