
Mi top de momento
De momento, mi San Sebastián se está construyendo alrededor de un grupo de películas muy distintas entre sí, pero con algo en común: son propuestas que no se conforman con contar una historia de manera convencional. Club Kid se sitúa por ahora en lo más alto, gracias a una personalidad visual muy marcada y a una propuesta que deja una impresión especialmente fuerte. Muy cerca está Moscas, otra película incómoda y con capacidad para permanecer en la cabeza después de los créditos. Tangles demuestra que la animación puede ser también una herramienta extraordinariamente expresiva para hablar de asuntos complejos desde la sencillez.
Tender Loving Care ocupa también un lugar privilegiado por su capacidad para observar a sus personajes con humanidad, combinando el retrato íntimo con una dimensión social que nunca termina imponiéndose sobre ellos. En esa misma zona alta aparece Lejos de los Árboles: probablemente una de las propuestas más libres formalmente de esta selección, donde imagen y sonido adquieren tanto peso como la propia narración. With Love and Rage mantiene ese nivel de interés desde una aproximación diferente, mientras Pedro en el país destaca por algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, más difícil de conseguir: la capacidad de convertir un testimonio político en un relato fascinante. La historia de Pedro Catella funciona como memoria personal, pero también como memoria de una época.
Hamalau gau completa este segundo grupo de películas que mantienen una personalidad suficiente como para permanecer entre lo más destacado del festival. Por debajo quedan títulos como The Loneliest Man in Town, Shot Reverse Shot (C), A veces me entra tristeza, otras veces rebelión, Someday, a Child (C), Krux, Brace Your Heart, Esta soledad y Morro, que configuran un grupo de películas heterogeneo y todavía provisional, pero bastante revelador de lo que está siendo este San Sebastián.
Porque, más allá de las posiciones, hay una tendencia bastante clara: las películas que más están funcionando son aquellas que tienen una mirada propia, ya sea desde la animación, el documental, la experimentación formal o el retrato íntimo. No parece ser cuestión simplemente de películas mejor o peor construidas, sino de aquellas que encuentran una forma particular de mirar y consiguen que esa forma termine siendo inseparable de lo que quieren contar.
