Festival de San Sebastián 2016. Dramas en clave femenina.

I am not Madame Bovary y Orpheline: dramas protagonizados por mujeres con desigual resultado.

¿Cuántas veces habréis oído eso de “el futuro es de las mujeres”? A esto, como bien dice una sabia amiga mía, solo cabe replicar “¿y por qué ya no lo es el presente?”.  En ocasiones caemos en la falsa complacencia de pensar que el camino ya está en gran parte recorrido. Las dos películas que ayer acompañaron a El hombre de las mil caras en la segunda jornada del Festival, nos muestran como las diferencias pueden ser abismales si se analizan geográficamente o por estractos sociales, sin ir más lejos.

Y no porque las películas pretendan ser un alegato feminista. De hecho su impacto es aún más fuerte porque no inciden en ese punto, pero en la construcción de los personajes y en las relaciones de estos se intuye la explicación a porqué hemos de dejar para mañana lo que podríamos hacer hoy en lo que a igualdad de género se refiere.

I am not Madame Bovary: comedia solvente, drama interruptus

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Feng Xiaogang ha llegado a San Sebastián con una nueva muestra de ese género que él mismo ha establecido dentro de la filmografía china: el denominado “Cine de año nuevo”. Se trata de una comedia ligera, que se proyecta entre diciembre y febrero. I am not Madame Bovary tiene, efectivamente, un tono amable y ligero durante su primera mitad. Es cuando la película funciona mejor: cuando asistimos con cierta sorna a la insistencia de una mujer que año tras año solicita el divorcio real de su marido. Un drama familiar que va creciendo según más firmes y más sonoras son las reclamaciones de la protagonista. La película entretiene con sus diálogos y situaciones divertidas.

Sin embargo, cuando la película supera su ecuador, lo que era ligero empieza a tener cierto regusto dramático. La cinta comienza a enredarse sobre sí misma, a reiterar situaciones. Al espectador se le congela la sonrisa en más de una ocasión. Todo se precipita durante los últimos minutos, en los que Feng Xiaogang abandona la comedia y se hunde en un drama que no mantiene el nivel que la primera parte de la película había alcanzado. Una resolución desvalazada, pero que esconde una realidad: lo fácilmente que la clase política y el sistema judicial dejan de lado las reivindicaciones de una mujer, haciendo pasar su insistencia por histerismo o locura. La crítica social es evidente pero se diluye en esa aceleración final.

Formalmente la película cuenta con una fotografía muy cuidada, pero el juego de formatos no parece tener fines narrativos, pudiéndose tomar como capricho artístico. En cuanto al reparto es muy destacable el trabajo de Bingbing Fan, que es la superviviente del cambio de tono del filme. En cuanto al título, es un grito de… Mejor ved la película.

Orpheline: un rompecabezas con nombre de mujer

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A través de escenas episódicas que no siguen una secuencia cronológica, Arnaud des Pallieres nos relata distintos momentos traumáticos en la vida de ¿varias? mujeres. Ante las teorías y dudas que se suscitaron tras el pase, el director ha aclarado que Adèle Haenel, Adèle Exarchopoulos, Solène Rigot y Vega Cuzytek interpretan a una misma mujer en cuatro momentos diferentes de su vida: el drama infantil, la adolescencia violenta, las malas decisiones en la entrada a la vida adulta y el castigo como golpe imprevisto a una vida ya ordenada. Evidente, según el director. No tanto para muchos de los críticos que asistieron al pase.

De ese montaje, algo errático, surge una historia convulsa, en la que el sexo es moneda de cambio y la violencia física una forma de buscar el sometimiento. Se podría explicar mediante el hecho fatídico, que marca a toda la familia, todo lo que ocurre después (o antes, o ambos… ¿hemos comentado que el montaje es confuso?).  Pero hay algo forzado en ese desarrollo, que en algunos momentos más que justificar parece excusar.

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El personaje de Gemma Arterton, eje fundamental de la historia, parece forzado a ser un ángel vengativo, pero tiene poco profundidad. Algo parecido sucede con las cuatro mujeres que son una. Se les define por su relación con los demás, y por el tratamiento que reciben. Lejos de aportar complejidad emocional, esto parece hacer más planos los personajes. De hecho, hay momentos que los estos avanzan más por el tesón de las actrices que por desarrollo del guion, poco convincente en la construcción de situaciones. En resumen: una película fallida que solo destaca por el trabajo de sus protagonistas.

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