[S. Oficial] Sufrimiento en clave femenina

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Spoiler: no todas las películas protagonizadas por mujeres tienen una lectura femenina y/o feminista.

Mientras más se discute de perspectiva, más pudiera parecer que, como la belleza, está en el ojo del que la mira. “Alanis” y “Una especie de familia” son ejemplo de ello.

A ver, para ir aclarando puntos: una película puede tener un reparto femenino y ser machista. Puede estar dirigida por una mujer y no ser un manifiesto sobre género. Puede llamarse Paulina y tener uno de los personajes femeninos  más rancios escritos de los últimos tiempos. Una película puede contarnos la historia de una mujer y su deseo de ser madre, y acabar convirtiéndose en un alegato… de no sabemos muy bien qué.

Una especie de familia, dirigida por Diego Lerman, tiene como principal razón de ser la enésima demostración de carisma cinematográfico de Bárbara Lennie, magnífica como siempre. Sobre su mirada desesperada en ocasiones, o fragilmente esperanzada en otras, descansa gran parte de la película. Toda su interpretación es creíble y, por momentos, resulta conmovedora.

El principal problema de Una especie de familia está en el galimatías argumental en el que se acaba convirtiendo. Como crítica a la maternidad subrogada y a su explotación para beneficio de terceros, se queda corta. Como crítica al abuso de poder de las clases dirigentes y de los estamentos políticos y administrativos, se queda corta. Como ejemplo del machismo aún imperante y sobre su impacto en la maternidad… Bueno, ahí tenemos ejemplos de sobra.  La película se explaya en el punto en el que tenemos más ejemplos en la cinematografía reciente. Mientras que en otros, que en los últimos meses están el centro de todo debate, parece pasar de puntillas.

Se puede justificar diciendo que la película “no trata sobre eso”. Pero el tema forma parte del hilo argumental. No ahondar en ello o, al menos, no posicionarse puede interpretarse como cierta cobardía.

Alanis, en cambio, vuelve al tema de la maternidad y al de la prostitución sin balanzas morales ni alabanzas innecesarias a la abnegada maternidad. La puta no nace, se hace.  Algo que parece que debe recordarse de vez en cuando, no se nos vaya a despistar nadie. Tampoco es cierto que toda mujer, por el mero hecho de serlo, lleve una madre en su interior.

En Alanis confluyen de nuevo la maman et la putain. Pero en esta ocasión ni la puta se justifica a través de su maternidad, ni la madre entra en el juego de la búsqueda de la redención.  Alanis lucha, pelea y sigue adelante.

Pero la cinta de Anahí Berneri no se queda en ser un relato más sobre una mujer de un barrio marginal. Va más allá y nos hace un retrato de ese ambiente con sensibilidad pero sin lavado de imagen. Con sinceridad pero sin caer en lo escabroso. Rehuye de discursos trillados y nunca nos da falsas esperanzas. Quizás, por todo ello, la bofetada empieza a doler varios días después de haberla visto.

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