El cine de Naomi Kawase (VII): De Genpin a Chiri

Entre los años 2010 y 2012 Kawase sacó adelante seis proyectos muy diferentes entre sí. A las ya comentadas colaboraciones en distintos proyectos, se unían varios largometrajes (dos de ellos documentales). Se prolongaba aún el periodo que comenzara con Nanayo y Koma, en el que su obra de ficción desprendía cierta indecisión estilística.  Personalmente dividida entre las atenciones que Mitsuki, su hijo de corta edad, requería y el progresivo deterioro de la ya anciana Uno, su cine parecía haber perdido algo de la delicadeza que lo caracterizaba.

Genpin (2010)

En 2010, Kawase presentó en el Festival de San Sebastián Genpin, un documental sobre la maternidad natural. Aunque, en realidad, va mucho más allá, insistiendo en los ciclos vitales pero entrando también en las relaciones personales y en la forma en la que cada uno afronta los desafíos personales a los que ha de enfrentarse. No exenta de polémica, Genpin cosechó críticas dispares, pero se haría con Premio FIPRESCI de aquella edición del Festival. Curiosamente, es uno de los trabajos más relajados de la filmografía de Kawase hasta ese momento. Si bien no rehuye los conflictos que en ocasiones plantean ante la cámara las madres, o la difícil relación del tocólogo con su familia. Porque, en realidad, no se trata tanto de convencernos de las bondades de una forma de vivir el embarazo y el parto, sino más bien de acercarnos a la figura Tadashi Yoshimura y a su manera de entender la vida y la medicina.

Sin embargo, el documental peca de cierta complacencia, presente sobre todo cuando Kawase entrevista a las futuras madres. Es posible que la crítica y la rabia, que en ocasiones la directora ha vertido en sus documentales, siempre dirigidos hacia su propia familia, se vea aquí aletargada. Pudiera ser que una vez que Kawase se había reconciliado con ciertos aspectos de su pasado, la directora decidiera abrir una nueva etapa de su vida, su propia experiencia como madre, en la siente que está al mando. A pesar de esto, en las conversaciones, rodadas en 16mm, parece haber más de confesión que de entrevista.

Visualmente, es una de las obras más convencionales de Kawase, a quien el dejar que los protagonistas hablen por sí solos no acaba de funcionarle. Se echa de menos que las imágenes de la naturaleza se mezclen con las entrevistas dándonos un conjunto algo más compacto. Pero, con todo esto, no deja de ser una experiencia recomendable acercarse a estas mujeres y entender que, en muchas ocasiones, la maternidad es un viaje que hacen solas.

Hanezu no Tsuki (Hanezu) (2011)

Con Hanezu, la directora vuelve a trabajar la ficción y adapta una novela de Bando Masako. Regresaba también al Festival de Cannes. En Hanezu, Kawase viaja a Asuka, región considerada la cuna de Japón. Con intención, ya que desde el inicio se oponen las leyendas de antaño, con la vida moderna. Así, según una de esas leyendas, en las montañas de Unebi, Miminashi y Kagu moraban los dioses. Un hombre poderoso habría hallado una semejanza entre la morada de los dioses en esas montañas con la batalla que se libraba en su propio corazón. Con esa leyenda, Kawase nos devuelve al presente y comienza el relato del triángulo amoroso protagoniza la película.

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Tres protagonistas en perpetua insatisfacción. Se nos muestran caprichosos, como esos dioses del pasado, desconocedores de sus propios sentimientos. Kawase va hilvanando una historia de amor en la que se centra su cámara, siguiendo cada pequeño detalle. Pero cuando la cámara abre plano, nos muestra a los personajes perdidos en la inmensidad de la naturaleza que les rodea. Lo cotidiano se antoja pasajero. Kawase vuelve a darle el protagonismo a la naturaleza, a lo que nos ha de sobrevivir. A lo que ha de perdurar.

Con esta película, Kawase vuelve al lirismo que tan bien le había funcionado en películas anteriores. Y aunque no puede calificarse de redonda, sí es una película mucho más equilibrada que sus últimos trabajos.

Chiri (2012)

Chiri significa ceniza, polvo. Chiri es una despedida. Es el relato de los últimos días Uno Kawase. Porque en este mediometraje, vemos a la tía abuela de la realizadora, quien le hiciera de madre, postrada en una cama de hospital, diciéndole a Naomi que es feliz. Y que está cansada. Con respeto y ternura, la directora recupera imágenes de otros trabajos, en los que la anciana aún se valía por sí misma. Recupera momentos en los que una y la otra se demuestran lo que cada una ha significado en la vida de la otra. Veremos a Kawase emocionada, triste y preocupada, que muestra a la cámara fotos de cuando era pequeña.

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Aunque no todo el material es original, aunque las imágenes no buscan la belleza del encuadre, sino la del propio relato (entendible por las circunstancias, por supuesto). Chiri cierra un capítulo de la vida de Kawase, pero también una etapa como directora.

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