[Perlas] El porvenir: Huppert y Hansen Løve diseccionan la madurez femenina

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Una de las críticas que arrastra el Festival de San Sebastián es su “carácter masculino”. Poca presencia de directoras en la Sección Oficial (solo una en esta edición), algo que se sucede en casi todas las secciones, que se compensa (o trata de compensarse) con la elección de películas en las que la mujer es protagonista. En muchas ocasiones, no dejan de ser una visión masculina del universo femenino. En otras, el acercamiento es más honesto. Y, muy de vez en cuando, coinciden películas como Elle, de Paul Verhoeven, con El porvenir. Las cintas tienen la feliz coincidencia de su protagonista: Isabelle Huppert, encarnando personajes tan radicalmente diferentes como interesantes.

La actriz es, posiblemente junto a Tilda Swinton, la actriz por encima de los cincuenta con la carrera más atrevida e interesante de la actualidad. Con Meryl Streep asumiendo retos de riesgo controlado; con Emma Thompson que no acaba de encontrar los papeles que la lleven a jugar en la misma liga; son Swinton y Huppert las que parecen seleccionar papeles sin preocuparse de que lleven red incorporada.

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Ejemplo de esto es L’avenir (El porvenir). Papel trampa, ya que de su pretendida normalidad podía desprenderse un halo de conformismo, que la actriz esquiva con la elegancia que acostumbra. Detrás de las cámaras, la realizadora Mia Hansen-Løve, responsable también del guion, explora sin estridencias la soledad repentina a la que se enfrenta su protagonista entrada ya en la madurez. Con El porvenir  no cabe duda que la realizadora parisina asienta su cine, que resulta estilísticamente impecable, y demuestra su progresión como guionista, evitando los lugares comunes en los que transitan otras películas de sinopsis similar. El porvenir deambula sobre un fino alambre: aquel en el que una historia más o menos común evita caer en lo simplista o reiterativo, sin recurrir para ello a un discurso engolado.

La película se centra en la vida de Nathalie, una profesora de Filosofía, materia que le apasiona, quien se deberá enfrentar a una soledad inesperada y sobre la que se reafirmará personalmente. Huppert convence cuando ríe y cuando llora, realizando un trabajo impecable en el equilibrio de las emociones. Su personaje nos resulta tan cercano y tan normal, que podría facilmente malinterprentarse como sencillo de encarar. Nathalie es un personaje que debe asumir, de golpe, la frágil comodidad sobre la que tenía construida su vida. Una vez que el colchón desparece debe reconstruir esa vida y, en parte, las armas con las que le encara. La actriz gestiona de forma inteligente el desarrollo de su personaje, aunque esto ya no suponga una novedad.

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En cuanto a Mia Hansen-Løve, adapta su estilo al intimismo del libreto, con una dirección en la que deja los excesos sentimentales como sobreentendidos, explora un terreno que, aparentemente, le es desconocido. La realizadora, quien parece moverse siempre en terreno autobiográfico, en esta ocasión mira hacia adelante, lanza hipótesis sobre situaciones que pueden, o no, darse. La realizadora se lanza a explorar cada situación manteniendo a Huppert en escena de forma casi omnipresente, como si Nathalie asistiera al derrumbamiento de su vida familiar junto al propio espectador.

Por último, en paralelo al texto principal, avanza una crítica al tratamiento de la cultura en general, y de la filosofía en particular. Tratamiento mercantilista en el que el continente tiene más peso que el contenido, en el que la divulgación y la educación quedan a merced de proyecciones de mercado. Todo ello en el marco de las protestas por la reforma laboral del gobierno francés. Y así, bajo capas de relaciones mercantiles y decisiones gubernamentales, los personajes se resguardan en la Filosofía. Y está todo tan bien tejido dentro del desarrollo del guion, que Hansen-Løve salva la caída en la pedantería de forma brillante.

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El porvenir es Huppert en todo su esplendor y, sobre todo, es un ejercicio de madurez de Mia Hansen-Løve. Una película con variadas lecturas, todas interesantes, y formalmente atractiva. Una Perla en el Festival de San Sebastián. Y en la cartelera.

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